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miércoles, 4 de junio de 2014

Una temporada enriquecedora

No es fácil, aunque lo parezca, cuando toca hablar sobre uno mismo. Lo normal puede ser caer en cierto egocentrismo, en dejarte llevar por los sentimientos, por la subjetividad... pero a través de esta entrada trataré de realizar un balance, evidentemente, desde mi perspectiva, sobre mi experiencia como entrenador del Yagüe juvenil. Nueve meses y medio (el primer entrenamiento fue el pasado 19 de agosto y el último, por así decirlo, y contra pronóstico, será el jueves 5 de junio) muy intensos, todo hay que decirlo, en los que un servidor ha tratado, dentro de mis posibilidades, de transmitir la ilusión del fútbol a un grupo de adolescentes, con lo que complicado que eso es, que todos ellos, aunque sea un poco, mejoren sus prestaciones. Serán los jugadores los que deben decidir si he cumplido o no; si he puesto de mi parte (no creo que se me pueda reprochar nada en ese sentido) para que así sea. 

Los resultados hablan y aunque desde el club se mantenía la ilusión de poder alcanzar la fase de ascenso a Juvenil Nacional, la realidad es que no pudo ser alcanzar una de las metas propuestas. Mi postura, desde el inicio, fue más conservadora. Sabía que la empresa era difícil, por lo que mi intención pasaba por hacer un equipo competitivo, que se pudiera adaptar a las diferentes circunstancias que pueden darse en un partido. Sólo así, desde el trabajo, podíamos llegar algún sitio. Sin embargo, por unas circunstancias u otras, este grupo no ha estado a la altura en los partidos claves, no ha sido capaz de competir de tú a tú en el momento necesario. Nervios, ansiedad... o quizá es que no había para más o incluso por falta de capacidad de su guía. Si en liga parecía que Pradejón y Varea, como así fue, eran favoritos y que tanto el Yagüe como el Ciudad de Alfaro podían estar peleando con ellos, al final se demostró que los amarillos estaban por debajo de Pradejón y Varea (y eso que en el segundo partido cualquier resultado se podía haber dado).

Quizá esa derrota en Varea hizo más daño de lo esperado al grupo. Se empezó a ver que meternos en la fase de ascenso era realmente complicado y que si al menos queríamos intentarlo había que esforzarse para ello. Lástima que algunos no entendieran el mensaje y optaran por desaparecer, tirarse del barco. Pese a tener la conciencia tranquila, siempre me queda la duda de saber si podía haber evitado esas marchas. Resultó un comienzo de año 2014 complicado. Más de lo esperado. La desilusión hizo mella. Tanto que era frustrante ir a entrenar y encontrarte con apenas 10 jugadores. Fueron dos semanas duras que me hicieron plantearme las cosas. Pensé en dejarlo y desde el club me dieron la oportunidad de coger al equipo de Regional. Podía haber sido lo fácil. 

Plantilla del Yagüe juvenil en la temporada 2013/14. MIGUEL HERREROS

Pero no. Apreté los dientes, varíe mis objetivos iniciales, no tenía más remedio que obviar el componente deportivo y centrarme en mantener, dentro de lo que cabe, la uniformidad del grupo. Por suerte los jugadores respondieron, también fueron fuertes y le echaron valor. En vez de abandonar, continuaron hasta el final. Que de 19 jugadores con ficha, 6 se marchen trastocan bastante los planes. El equipo cadete, salvo honrosas excepciones, no ayudaba porque, algo incomprensible, no querían ir a jugar con el juvenil y cuando lo hacían, la informalidad era la carta de presentación. La decisión era clara: el premio de jugar en una categoría superior es para el que se la merezca. De ahí que los dos que desde el comienzo estuvieron entrenando con los juveniles fueran los únicos regularmente con minutos.

Sabía que el comienzo en la Copa iba a ser determinante para saber qué rumbo íbamos a tomar. Por suerte, tuvimos un inicio de calendario asequible. El grupo ganó en autoestima al ver que éramos superiores, que si se hacían las cosas teníamos capacidad para ganar a cualquiera. El impulso de los resultados provocó que los últimos tres meses todos los que se habían comprometido acudieran a entrenar y eso regeneró la ilusión. En la cabeza de todos estaba el aspirar a ganar la Copa. Era un mal menor. Pusimos el turbo, supimos sufrir cuando hizo falta, sacamos adelante partidos en los que quizá el juego no fue el deseado, pero las cosas salían. Acabar primeros con 11 puntos de ventaja respecto al segundo, marcar 4 goles de media y sumar 28 de 30 puntos posibles da moral

Llegaron las semifinales (con el dichoso Torneo de Clubes históricos de Logroño entre medias y la poca comprensión desde la Federación hacia el Yagüe), vencimos, con dificultades al Villegas cuando todo hacía indicar que nos lo íbamos a jugar en la lotería de los penaltis. Estábamos en la final. Convencidos de que podíamos ganarla nos enfrentamos al Valvanera. Nos pusimos por delante a los 38 segundos, pero cuando nos empataron a los 3 minutos, en el campo se notaba que nuestro rival era superior. Tratamos de plantar cara, tuvimos nuestras bazas, pero cuando enfrente hay un equipo mejor, sólo queda darle la enhorabuena. Podía haber sido una buena manera de acabar. Por eso quizá la sensación sea agridulce porque después del esfuerzo que esta plantilla ha hecho, es como si no hubiera encontrado recompensa. Pero hay que ser realistas, a lo mejor era a lo máximo que podíamos aspirar y hay que estar, en ese sentido, contentos

Sin que sirva de excusa, supongo que otros clubes tendrán los mismos inconvenientes, mi trabajo como entrenador, quizá sea exigente conmigo, lo considero incompleto. En el aspecto deportivo, hemos intentado mantener una identidad, ser fieles a algo en lo que creíamos. Cuando las cosas han salido bien (los resultados acompañaban), el equipo ha demostrado capacidad. Otra cosa es cuando este grupo, dentro del terreno de juego, encontraba dificultades. Ahí hemos dejado mucho que desear. Que a lo largo de toda la temporada hayamos sido incapaces de remontar (neutralizar un gol encajado sólo en dos ocasiones) es significativo. ¿Culpables? Todos, yo el primero. Pese a los intentos por no agachar la cabeza, de seguir compitiendo, nos hemos rendido demasiado fácil. Falta de unidad. Un mal que nos ha perjudicado y del que ha sido imposible reestablecerse.

En definitiva, a título personal, ha sido una temporada de enriquecimiento personal en el que he aprendido más de lo que pensaba. Lamento, eso sí, que para algunos haya podido ser un año perdido y que, a lo mejor, no hayan encontrado a un entrenador que haya sabido exprimirles al máximo. Sin embargo, mi aventura ha sido muy positiva, poco gratificante (supongo que es la soledad del entrenador que dicen) en la que lo de menos ha sido el no poder hacer ni una convocatoria, tener que realizar la alineación en función de quiénes han venido o no a entrenar, así como estar prácticamente solo tanto en lo bueno como en lo malo. Ahora, con la confianza del Yagüe, me embarco en un reto difícil, pero muy ilusionante, a la vez que de bastante responsabilidad para alguien que lleva muchos años ligado a este club, como es tratar de lograr que el Yagüe no sea un equipo ascensor entre Tercera y Regional. Nos vemos en los campos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Zangróniz, el elegido

El paso de las horas ha provocado que finalmente Emilio Remírez haya sido destituido en el Varea. Finalmente, una de las opciones que manejaba el conjunto arlequinado, Chechu Martínez, se ha quedado en eso, una posibilidad. Lo que ya es una realidad es que Guillermo Zangróniz toma el relevo. 

Se sienta en un banquillo movido, en el que la presión por estar luchando por el liderato y ofrecer una buena imagen ante rivales directos puede más que el trabajo que se realice diariamente. Se puede decir que en el Varea los resultados dictan o no. La temporada pasada, dos tropiezos en casa ante equipos de abajo provocaron la marcha de Iñaki Pacheco (se fue invicto), mientras que esta campaña, el club de la barriada logroñesa ya suma tres derrotas (Anguiano, Haro y Calahorra).

El nuevo preparador, con experiencia en la categoría (Oyonesa, Vianés y Calahorra), tiene el reto de colocar al Varea donde, por plantilla, merece. Hasta la fecha han podido más las individualidades que el colectivo, aspecto que se ha notado en exceso en los compromisos complicados ante rivales de entidad. Octavo a 3 puntos del cuarto clasificado y a 10 puntos del primer puesto, a Zangróniz se le van a pedir victorias. Habrá que ver cómo se adapta a esta situación. En lo que no se podrá quejar es la confección del plantel, que uno por uno, sin duda, configura el mejor conjunto de Tercera, casi de largo. 

Otra cosa es el grupo, donde, hasta la fecha, ha mostrado carencias. Ahí debe hacer hincapié Zangróniz. En este sentido, es un reto importante para un entrenador al que, tradicionalmente, le gusta que sus equipos combinen y lleven la iniciativa del juego. Pese a ello, en sus anteriores clubes se le podía achacar cierta endeblez defensiva. Precisamente, uno de los lunares de este Varea, que ya ha encajado 13 goles, demasiados para un conjunto que aspira a liderar el grupo.

Respecto a si la decisión es o no la adecuada, el club habrá valorado pros y contras y considerará que el Varea no puede permitirse más tropiezos, por lo que se ha buscado un punto de inflexión con el cambio de entrenador. Tiempo para reaccionar, hay, por lo que como ya sucediera la temporada pasada, sólo al final de la misma se podrá valorar si es o no acertado el cambio. Desde aquí, como siempre, desear la mejor de las suertes al nuevo inquilino del Varea para que pueda lograr sus objetivos. Habrá que ver si hay muchas variaciones de estilo y/o jugadores, aunque ante el Alberite será muy pronto para advertirlas.

jueves, 3 de octubre de 2013

Desde el banquillo

Apenas 72 horas para que sea una realidad, bueno lleva siendo varios meses, para que sea oficial del todo; mi debut como entrenador del Yagüe juvenil. Llega el momento, ya lo voy haciendo, de tomar decisiones fuera del terreno de juego. Hasta la fecha, como exjugador, lo hacía pero desde dentro, con mis aciertos, si es que los ha habido, y con mis equivocaciones, que también las he tenido. Hasta hace unos meses pensaba en jugar (bueno llevo tiempo tratando de no inmiscuirme en la parcela técnica, aunque hubiera cosas que el cuerpo me pidiera decir o hacer), en entrenar al máximo, eso siempre lo he hecho, y confiar en que el entrenador me pusiera el día del partido. Evidentemente, como todos los jugadores, yo quería jugar todo y, por suerte, he podido disfrutar de ello en los equipos que he estado. He sido un afortunado. Como es lógico, como todos los futbolistas, he sido egoísta (aunque siempre he tratado de ser solidario). 

Ahora, la perspectiva cambia. Yo me tengo que romper la cabeza para planificar los entrenamientos (acorde a los objetivos que quiero trabajar), yo asumo la responsabilidad de poner un determinado once, de dejar fuera de la convocatoria a tal jugador, de tratar de ser justo con los esfuerzos realizados por los jugadores durante la semana, de buscar la mejor manera de jugar ante un determinado oponente, de marcar una forma más o menos regular (un estilo)... y de muchas cosas más. La visión es mucho más global, se cubren más parcelas y cada una hay que mimarla al detalle para que no se escape de tu control. Porque al fin y al cabo, los entrenadores lo que debemos buscar es la forma de controlar lo que estamos capacitados. Yo no puedo controlar que un determinado jugador falle un gol con la portería contraria vacía, pero sí puedo encauzar la manera para que se dé esa circunstancia, es decir, el camino. 

Pese a ello, tampoco es del todo controlable, puesto que los que deciden dentro del terreno de juego han sido, son y serán los futbolistas. Como entrenador, si acaso, doy pautas, manejo opciones, variantes, les abro el campo de visión a los jugadores para que ellos ejecuten, acorde a su criterio (eso es lo que hay que trabajar, la mejora de su elección) qué es lo mejor en cada momento. Por eso, trato de que mis jugadores reflexionen sobre cada movimiento, cada paso a seguir, en una palabra, piensen antes de llevar a efecto una decisión. Evidentemente, dentro del campo, además de pensar hay que hacerlo lo más rápido posible porque unas décimas de segundo pueden ser claves para llevarte al éxito o al fracaso. 

¿Estilo? ¿Guías? ¿Referencias? La verdad sea dicha, que muchas y ninguna. Puede sonar a tópico, pero, como en la vida, hay que ser uno mismo. Me parece absurdo querer extrapolar estilos, entrenamientos profesionales a la dinámica de un equipo de la categoría más baja de juvenil. Hay que saber dónde está cada uno, qué material humano maneja para adaptarse a él, cuáles son las circunstancias actuales del club, cuál es la exigencia... hay variables que afectan a la manera de trabajar para poder establecer prioridades. Ahí es dónde hay que acertar, qué es lo que se puede hacer y quiero hacer para buscar el máximo rendimiento de esta plantilla. En ese momento, cuando, por lo menos, se cuenta con una idea futbolística a inculcar es cuando toca encontrar el camino para llevarla a cabo de manera que todos crean en ella. Porque si por mucho que el entrenador quiera imponerla, los jugadores no están por la labor, sería trabajo y tiempo perdido. 

Por el momento, no me puedo quejar de cómo van las cosas. Por supuesto que hay días mejores y peores, pero, por lo general, es para estar satisfecho. Cuando llegue el partido del domingo ante el Varea (El Salvador, 12.00), mi equipo habrá contado con 26 sesiones (incluidos amistosos), tiempo, estimo que suficiente, para que podamos mostrarnos como un bloque que sabe competir. Porque al fin y al cabo, más allá de la formación de los jugadores (aún en proceso de mejora), que también, el aspecto competición empieza a ganar importancia. La manera de encontrar el equilibrio es importante. Pero claro, qué es saber competir bien. En mi caso, que el equipo transmita personalidad, que sepa plantar cara a su rival, que genere ocasiones, que no regale goles y que trate de condensar todo lo trabajado desde el primer día, es la forma de acumular bagaje, para estar preparado ante cualquier circunstancia que se dé en el terreno de juego. Casi nada. 

Si me baso en los resultados de esta pretemporada, hay de todo. Desde la derrota 3-1 ante el Vianés Nacional, que nos sirvió a todos, entrenador y jugadores, para saber cuál es nuestro punto de partida, pasando por dos victorias demasiado holgadas (8-0 y 5-0 a Tatú Territorial y Villegas Territorial respectivamente), que nos ayudaron a ganar confianza (y a creer en la manera de jugar) para comprobar que lo que se trabaja tiene su recompensa, sin olvidar la derrota sufrida ante el Yagüe Regional (5-0), en un choque en el que traté de ser atrevido cuando la cabeza me pedía ser más cauto (para eso están los entrenamientos, para equivocarse y probar cosas) o el empate contra el Náxara (2-2), que nos debe subir la moral por comprobar que este equipo tiene capacidad de reacción después de verse 0-2 a los 11 minutos ante un conjunto físico e intenso. Lo considero, por lo tanto,un balance positivo, aunque si tengo que mostrar una pega es el hecho de que me hubiera gustado enfrentarme a algún que otro rival.

Ahora llega el momento de la verdad, de demostrar dónde queremos estar. Porque la clave de saber cuál es nuestro techo es que de verdad queramos llegar a él. No soy yo el que tiene que decir que podemos, el trabajo y esfuerzo diario debe guiarnos a nuestro lugar (independientemente del sitio). Las exigencias no son buenas, por lo que prefiero la humildad, la cautela, el respeto al rival e ir partido a partido. Que sean los resultados (aunque muchas veces no se correspondan con la realidad, es la cruz que tenemos los entrenadores) los que nos pongan en nuestro sitio. Por ilusión, seguro que no va a ser.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Definir un estilo

Las etiquetas gustan y mucho. Sobre todo en el fútbol. Que si tal jugador tiene velocidad, que si el otro sólo vale para robar y dar, que si ese defensa es marcador y poco más... Cierto que cada futbolista tiene unas cualidades y que dentro de un terreno de juego, por su demarcación y por la forma de jugar que posee el equipo, las desarrollará de una o de otra manera. Esos mismos sambenitos se trasladan a la hora de hablar del estilo de los equipos: quiere jugar el balón, es defensivo, busca el contragolpe... Pues bien, en estas líneas voy a intentar reflexionar sobre lo que a mi parecer es el estilo de juego, los factores que influyen (algunos) y cómo debe derivar en crear una identidad propia más allá de que después se pueda o no catalogar. Evidentemente, aquí no se van a encontrar recetas, mi recorrido como entrenador es mínimo y no soy quién para sentar cátedra, pero si puedo ayudar que a alguien pueda pensar en ello. Además, probablemente falten cosas y haya puntos que se deban desarrollar más ampliamente.

Por de pronto, para que haya un estilo debe existir una, o varias, personas que tengan en la mente esa idea. Como es evidente el entrenador tiene que ser el 'visionario', el que marque las bases sobre lo que quiere que hagan sus futbolistas sobre el campo. Es fundamental, por lo tanto, que sepa transmitir sus mensajes, que esté decidido, que se le note creíble en sus argumentos, que actúe con coherencia siempre (algo básico) y que sepa adaptarse (también es vital). En este sentido, el llamado estilo no sólo queda marcado por lo que se pretende cuando se tiene la pelota. El fútbol es mucho más que eso. Además de ataque (qué hacer con el balón) y defensa (qué hacer sin él), en la actualidad se le da mucha importancia a las transiciones defensa-ataque y ataque-defensa. Quiere esto decir qué es lo primero que hago en cuanto robo la pelota (transición defensa-ataque); se busca mantener la posesión, tener el control del juego o por el contrario quiero ir rápidamente hacia la portería contraria para aprovechar los espacios y el desorden del rival... O qué es lo primero que se hace cuando se pierde la pelota (transición ataque-defensa); se presiona al rival que tiene la pelota y el resto del equipo repliega, todos repliegan hasta una determinada zona, hay presión de todo el equipo... 

Uno de los factores decisivos para poder desarrollar ese proyecto de juego es el material humano con el que se cuenta, es decir, las características técnicas, tácticas y físicas de los futbolistas. Será complicado querer tener el control del juego si tus jugadores no cuentan con la habilidad del control y el pase, principalmente. O sería contraproducente si apostando por esa idea se le exige a los centrales que golpeen en largo siempre (incoherencia entre lo que se pretende, tener la pelota, y lo que se ordena). O viceversa, apostar por la intensidad en la presión durante los 90' si resulta que mis jugadores físicamente apenas están dotados para ello. Por eso, esos entrenadores con el ego subido de aquí se juega a lo que yo ordeno, sin ir más allá de qué es lo mejor con lo que tengo entre manos, puede que tengan los días contados. Seguramente que de forma puntual obtengan resultados puntualmente, pero cada equipo, categoría o grupo es diferente y cambia de una temporada a otra. Por lo tanto, no les auguro un largo recorrido, aunque quizá me equivoque. 

Por eso he mencionado antes el aspecto de la adaptabilidad: saber qué es lo que manejas, un grupo humano al que hay que exigir durante los entrenamientos, pero a la vez hay que mimar, al que se le debe dar total confianza (tanto como grupo como individualmente), pero sin que eso derive en la relajación. En ocasiones, habrá que demostrar tener mano izquierda, pero en otras habrá que ser inflexible. Todas esas pequeñas cosas incidirán en que ese denominado estilo de juego vaya surgiendo muchas veces de forma inconsciente pero consciente.

Recuperando la idea inicial, el estilo suele circunscribirse a si es vistoso o no. Pues esto, como todo en esta vida, es cuestión de gustos. Habrá a quienes les apasione que su equipo tenga el 70% de la posesión del balón, aunque se juegue en horizontal (a lo mejor utiliza la conservación del balón para otro fin como puede ser descansar),  habrá quienes renuncien a atacar (el esférico para el contrario), de inicio, para aprovechar las transiciones defensa-ataque propias en una determinada zona del campo que te posibilite estar más cerca del área rival. Todo es válido. Habitualmente se tiende a catalogar que si un equipo defiende de una manera, por extensión debe hacerlo de una forma determinada en ataque. Eso es un error, bajo mi punto de vista. Cada entrenador maneja sus variantes y tiene que buscar la forma que más se ajusta al perfil de sus futbolistas para defender, para atacar y para saber qué es lo que tiene que hacer en las transiciones. 

Eso significa que los jugadores deben saltar al terreno de juego manejando opciones sobre qué hacer ante determinadas circunstancias y variables. El rival, por mucho que algunos no lo vean, influye más de lo que cabe en la manera de jugar de un equipo. Por eso, más que un estilo hay que acercarse a una identidad propia, a saber cómo defender ante un determinado ataque contrario y a buscar las cosquillas al oponente ante la diversidad de maneras de defender que pueda plantear. Es decir, que lo previsible sea conocer que tu equipo, aunque el resultado no salga (hay veces en las que el premio al esfuerzo no se traduce), sepa 'combatir' las dificultades encontradas con los recursos trabados previamente. Por lo tanto, la coherencia entre lo que se trabaja durante la semana debe ir acorde a lo que se exige el día del partido. De esa manera, se generará una identidad propia y un estilo de juego (variable en función de las circunstancias de cada partido).

Seguro que a este cúmulo de ideas expresadas en los párrafos anteriores les falta un rigor científico, pero estas cosas no se miden (y eso que estamos en una sociedad en la que parece que si no mides las cosas te falta algo), aunque también hay maneras de hacerlo. Son sensaciones, aportaciones personales, que fluyen por mi cabeza y que, mejor o peor, ahora intento inculcar a mis jugadores. Como les dije el primer día, el fútbol no va de evitar que te marquen un gol y de meterlos tú, es un juego en el hay que pensar.

jueves, 21 de febrero de 2013

Rendimiento individual y colectivo

Individuo y colectivo. Dos aspectos básicos para entender el funcionamiento de un equipo de fútbol (se puede extrapolar a cualquier deporte no individual). Esto no es un cálculo aritmético. Es decir, la suma de los rendimientos positivos individuales no dan un rendimiento óptimo del colectivo. Un jugador puede brillar, realizar la mejor temporada de su trayectoria y el equipo puede hacer su peor competición. Y al revés, un club puede culminar una campaña histórica y el futbolista no maximizar su potencial. Aunque esto último es más complicado que suceda, al menos para que haya antagonismos en el balance de ambos aspectos.

El futbolista, por naturaleza, es egoísta. Sólo piensa en él. Además, es ambicioso. Siempre quiere más. Concentrar varios egos en un vestuario puede ser complicado de manejar para un entrenador, aunque ahí está la pericia del técnico en cuestión para poner esas individualidades al servicio del colectivo, para integrarlos en un bloque, en un objetivo común que haga prosperar al jugador y al club de forma paralela. Pero eso no es una tarea sencilla. Por un lado, hace falta un plan, tener una base y una meta de equipo. Luchar por un objetivo e involucrar a todos los jugadores. Tiene que calar en los futbolistas porque deben integrarlo como si fuera propia. Los jugadores pasan a ser como un rebaño de ovejas, todas juntitas que obedecen las órdenes del pastor. Evidentemente, las ovejas negras, las que se descarrían no tienen cabida en el grupo, se quedan al margen. Casi siempre, suelen ser los propios futbolistas los que se van alejando (faltas de disciplina, bajo rendimiento, ausencia a los entrenamientos, demostivación...). Esto es más complejo porque cada caso puede ser diferente y obedecer a varios motivos (falta de confianza del entrenador, pocos minutos, no adaptarse a un rol...).

En este caso, la prioridad es que haya una llamada común. Un punto de encuentro en el que todos los futbolistas remen a la vez. Pueden ser objetivos cuantitativos (ser primeros, estar en mitad de la tabla, no descender, sumar 50 puntos...) o cualitativos (mejora técnica individual y/o colectiva, jugar de una determinada manera...). Incluso pueden ser inmediatos (ganar tres partidos seguidos, no encajar goles...). De hecho, conjugarlos, y que se cumplan o que, por lo menos, se puedan cumplir, ayuda a fortalecer al bloque. Se supone que todos los futbolistas ya están integrados, ya están involucrados en el proyecto, ya saben lo que les espera durante la temporada. Ahora falta que los jugadores vean con hechos las palabras y que cada uno compruebe que su rendimiento también va a sufrir una mejora, una evolución que además estará relacionada con la optimización del colectivo. No hay que olvidar que cada futbolista también tiene sus propios objetivos (cuantitativos, cualitativos, inmediatos, a medio plazo) y que a veces pueden chocar con los colectivos. Eso es un problema importante.

La labor del entrenador pasa por conocer a su plantilla para poder maximizar las posibilidades de cada uno siempre en beneficio del bien común. Fundamental, por lo tanto, saber de qué pie cojea cada futbolista porque cada persona es un mundo. Uno necesita que le animen, otro que le llamen la atención, el otro una charla personalizada... nunca hay una solución ante un problema individual. En este sentido, el técnico en cuestión debe saber lo que cada jugador le puede ofrecer, quizá no de forma exacta, pero sí aproximada y enfocarlo dentro de su plan colectivo. Por ejemplo, a Pepito le gusta jugar con la defensa adelantada, presionar en campo rival para robar la pelota lo más cerca posible del área rival. En su plantilla tiene un central veterano, con buena colocación pero que es lento para esa posición sobre todo si la zaga se coloca en el centro del campo. Jugar con ese futbolista puede ser un suicidio porque el jugador se queda en evidencia cada vez que el rival lanza un balón a la espalda de la defensa y el equipo lo puede pagar cara ya que el oponente se puede presentar ante el portero propio con asiduidad. O el entrenador modifica la forma de presionar o ese futbolista tendrá muy pocos minutos y cada vez que goce de ellos estará bajo sospecha. Flaco favor se le hace al jugador y, a la larga, al equipo.

Es un ejemplo, pero hay infinidad de ellos. Un delantero centro rematador, que mide casi 2 metros y que con el balón en los pies es bastante torpe. En un equipo de toque, de combinación, en el que el ariete tiene que mover a los centrales para generar espacios de futbolistas que entran en segunda línea, su participación no tendría mucho sentido. Si, por el contrario, se apuesta por jugar con extremos cuya labor es poner balones a la mínima, quizá su rendimiento mejore. Es decir, la clave está en que el entrenador se adapte a los jugadores. De nada sirve que el técnico haya tenido éxito en otro club con un determinado estilo y que quiera implantarlo en otro conjunto. A lo mejor con los futbolistas que ahora maneja no pueda hacer lo que sí podía en su anterior etapa. En este sentido, el entrenador también deja dejar a un lado su parte egocéntrica para aprovechar el material humano que tiene delante.

Espero que esta reflexión ayude a entender un poco la difícil tarea de jugadores y entrenadores dentro de un colectivo. No es fácil ceder, pero hay que saberlo hacer porque de ese pequeño esfuerzo individual que se haga se puede llegar a un acuerdo, ni escrito ni hablado, que provoque una mejora en el rendimiento del bloque, que muchas veces suele dar también una evolución individual. Tener esa capacidad, o esa habilidad, puede ayudar al futbolista a crecer y progresar, que al fin y al cabo es lo que todos buscan.

martes, 4 de diciembre de 2012

Otro entrenador destituido

La información es lo primero. Patxi Hermoso de Mendoza ya es historia como entrenador de La Calzada después de que la Junta Directiva del club calceatense decidiera, antes el partido contra el Haro, su destitución "por diferencias de carácter deportivo", como indica un comunicado en la página web de la entidad. Su sustituto es un hombre de la casa, Josean García, que estaba dirigiendo al equipo juvenil. La Calzada, actualmente, es décimoquinta con 12 puntos, con tres de ventaja respecto al descenso.

Patxi Hermoso de Mendoza dirigó su último partido de La Calzada ante el Haro en El Mazo. RADIOHARO
Respecto a la jornada, Haro y Alfaro continúan en la lucha particular por el liderato, si bien los jarreros ganaron con más facilidad que los riojabajeños. Los de Roberto Ochoa se deshicieron de La Calzada gracias a un gran arranque de la segunda mitad, ya que marcaron tres goles en apenas 8'. Por segundo partido consecutivo, Morales se erigió en protagonista con sus dos tantos. Un mazazo para los visitantes, que habían aguantado con destreza la primera mitad. Francia, además, evitó que la goleada fuera mayor al detener un penalti a Txejo. Por su parte, los de Eduardo Arévalo conquistaron Isla, un campo que no se le da históricamente bien al conjunto blanquillo en las últimas temporadas. Lo hicieron con mucho sufrimiento y merced a una genialidad en el tiempo de descuento de Omar, pichichi del grupo. El Anguiano evidenció que su nivel competitivo ha aumentado en las últimas jornadas, exigió a su rival e incluso le puso en aprietos en determinados momentos. Cuando parecía que un punto no se les escapaba a los de Jesús Carazo, Omar lanzó una falta que se fue envenenando tanto que acabó en gol.

Agoncillo y Calahorra parece que toman una ligera ventaja para afianzarse en puestos de 'play off'. Pero sin desconfianza porque un tropiezo les vuelve a dejar fuera si sus rivales, deseados, logran un marcador positivo. Los de Israel Villarreal lograron lo que parecía imposible, derrotar al Calasancio, que mantuvo durante 13 jornadas su condición de invicto. Curioso porque porque los colegiales gozaron de oportunidades para ponerse por delante, pero demostraron que su puntería no estaba fina un domingo por la mañana. Los locales, constantes e intensos, similar en concepto a los de Chechu Martínez, aprovecharon una internada por banda izquierda de Álvaro Iglesias, en los minutos finales, para que su pase atrás fuera perfectamente rematado por Jaime para que los amarillos hincaran la rodilla por primera vez esta temporada. Probablemente, el Calasancio hubiera hecho más méritos para perder otros encuentros, pero el Agoncillo fue el primero que le derrotó. Por su parte, el Calahorra sigue haciéndose fuerte en La Planilla, donde suma 18 de 21 puntos posibles. Esta vez su víctima fue el Rapid. Los rojillos impusieron su ley mediado el primer tiempo con tres goles en 20' que imposibilitaron que el colista pudiera reaccionar. El balón parado trajo en jaque a los murillenses que pese a que mejoraron su orden en el segundo tiempo no inquietaron la victoria local. 

El Arnedo continúa a la espera. Sus cinco jornadas sin perder y sus cuatro victorias le colocan quinto. Su triunfo ante el Aldeano no pasará a la historia. Dos goles casi consecutivos en el 20' certifcaron la superioridad de los locales, que administraron su ventaja sin problemas. El Aldeano, que encadena su octava derrota, apenas inquietó a los de David Ochoa, por lo que el segundo tiempo fue un mero trámite para ambos, los blanquillos se lo tomaron con calma y los visitantes, pese a sus intentos, no podían evitar irse de Sendero de vacío. Habrá que ver el rendimiento del Arnedo ante rivales directos para ser aspirante en las tres próximas jornadas (Náxara, Vianés y Oyonesa).

El Varea se está mal acostumbrando, con Emilio Remírez, a actuar como Dr Jekyll y Mr Hyde. En el Municipal se muestra intratable: 3 victorias, 11 goles a favor y 1 en contra. Pero a domicilio, sólo sabe perder: cuatro derrotas, 2 goles a favor y 8 encajados. Una transformación digna de estudio. Esta vez, los arlequinados superaron con una 'manita' a un San Marcial, que se acerca al abismo después de sumar su quinta derrota seguida. Las numerosas bajas han afectado al rendimiento del equipo de Alejandro Fernández. Si a ello se suma un ataque vertical y veloz que aprovechó los espacios a la defensa de los de Lardero se puede entender un marcador tan elevado. La Oyonesa perdió la oportunidad de seguir escalando en la tabla al sumar un punto en El Salvador contra el Yagüe. Una vez más los de Jorge Ochoa vuelve a dejarse puntos ante rivales de la parte baja de la clasificación (derrota ante Aldeano, empates contra Rapid, Pradejón, Yagüe). Los alaveses, incluso, pueden estar contentos después de que Tato marrase una pena máxima a favor de los amarillos (la tercera que desperdician esta temporada). Fue un partido intenso con un cuadro visitante que fue de más a menos, lo contrario que los locales. Hubo pocas ocasiones de gol, aunque ambos conjuntos hicieron méritos para marcar.

El Calasancio perdió en el San Roque su condición de invicto gracias al gol de Jaime. LA RIOJA
Por su parte, el Náxara se va acercando a la fase de ascenso con victorias. Ocho jornadas sin perder y seis triunfos le han permitido ver más próximos los puestos de 'play off'. Aún los tiene a 5 puntos, pero va recortando terreno. Esta vez doblegó al Villegas, pese a que los encarnados apretaron para evitar que los de Nacho Ruiz se llevaran los tres puntos. Orodea fue el protagonista en los dos tantos de los blanquiazules, el primero lo marcó y el segundo lo asistió a Lozano. A la media hora parecía que el partido estaba encarrilado, pero los de Nacho Torres pusieron en aprietos a su rival y tras el gol de Abel buscaron la portería de Andrés en aras del empate. El duelo se fue calentando y en los minutos finales todo explotó, pero sin que el marcador se moviera.

El Vianés buscaba meter más presión a esta zona, sin embargo el River Ebro se está haciendo muy fuerte en el San Miguel, donde suma su cuarta victoria seguida. Pese a que su rendimiento baja enteros como visitante, los rojiblancos están ganando en tranquilidad como locales. Fue un partido contradictorio, ya que cuando mejor estaba un equipo iba el contrario y marcaba. Si el conjunto navarro se mostraba más activo y con las ideas más claras en el arranque, fue el River el que anotó. Cuando los locales habían recuperado el mando del encuentro, vino el empate de los rojillos. Durante el segundo tiempo hubo algo más de equilibrio en los compases iniciales con ocasiones en ambos bandos. En la recta final, los de Iñaki Santibáñez dieron un paso adelante en aras de la victoria. De haber un gol, tenía que ser de color navarro, sin embargo, tras un córner, en el 89' Álvaro le dio los tres puntos a los suyos.

En la parte baja de la tabla destacaba el enfrentamiento en Pradejón y Berceo. Los verdiblancos tenían la oportunidad de salir del descenso ante un rival directo, sin embargo, los verdes volvieron a ganar, seis jornadas después, y a sumar ante un equipo de su liga (triunfo ante el Aldeano, empate contra el Rapid). A la media hora, los de Víctor Ubis, mejor colocados y con las ideas más claras, encarrilaban el choque con dos tantos de Víctor y Álvaro. Otra vez, los verdiblancos tenían que ir a remolque, una situación que les obliga a un esfuerzo extra. Garatea recortó diferencias, pero Isma, en la acción siguiente, volvió a dar tranquilidad a los visitante. Óscar Herreros buscó la remontada asumiendo riesgos en defensa y aunque Moreno puso el 2-3, fueron los verdes los que tuvieran opciones, a la contra, de aumentar la renta.

jueves, 18 de octubre de 2012

Pacheco 'out', Remírez 'in'

Puede que sea repetitivo, pero aprovecho esta entrada para continuar con la destitución de Iñaki Pacheco en el Varea después de siete jornadas ligueras en las que no ha conocido la derrota. Además, apuntaré alguna cosa sobre el nuevo técnico de los arlequinados, Emilio Remírez. Aprovecharé algunas palabras del expreparador vareano realizadas a la cadena SER para comentarlas y extraer sensaciones.

"Sorpresa, sorpresa... no". Que alguien de dentro apunte, sin titubeos, que no era una sorpresa, ya invita a la reflexión sobre qué pasa en un club como el Varea. El propio Pacheco concreta lo que se rumoreaba: "Había malas sensaciones en Varea". ¡Con cuatro victorias y tres empates! ¡Estando a 6 puntos del líder! Va más allá, al señalar que "nos habían llegado comentarios del presidente (Diego Aguado) de que no le gustaba cómo estaba el equipo y que necesitaba un cambio ya". Normal, el objetivo del primer puesto es inalcanzable (quedan 93 puntos por disputar). El extécnico arlequinado desmenuza la filosofía de la entidad de la barriada logroñesa. (El presidente) "entiende este negocio como una empresa: si él manda, él tiene que decidir". En este sentido, "entendía que el equipo estaba entrando en una mala dinámica" (dos empates seguidos en el Municipal y entre medias una contundente victoria en La Planilla). Evidentemente, la 'mala racha' es comprensible ateniéndose a las ilusiones del máximo dirigente arlequinado: "El presidente del club estima que tenemos que ganar por goleada, que tenemos que ser superiores en todos los campos". Pacheco, en su defensa, aclara que "no se da cuenta de que los proyectos con paciencia y tranquilidad salen". No en vano, la evolución de la plantilla desde que Iñaki Pacheco llegara al banquillo el verano de 2011 ha sido más que evidente. En la pasada campaña se ficharon hasta veinte futbolistas y en la actual, ocho, después de sufrir bajas muy importantes (Rubén Pérez, Fran Sota, Teto e incluso la lesión de Pinilla). De esta forma, "se ficha gente joven con calidad y proyección y tienen que asentarse".

Como lo que importa es el presente y los resultados inmediatos, además de las sensaciones, el empate contra el Pradejón, hace dos semanas, ya empezaba a encender las alarmas. Pacheco señala que incluso antes ya había cosas que no eran normales. A este respecto, indica que "a la quinta jornada (duelo contra el Pradejón) el señor Remírez estaba detrás de mi banquillo". No sólo eso, "fue a Calahorra y el año pasado ya estuvo en varios partidos". ¿Casualidad? Que cada uno saque sus propias conclusiones. El que también fuera entrenador del Cenicero lo tiene cristalino: "Creo que se ha jugado conmigo"; "me he sentido engañado". Algunos seguro que apuntan, y puede que hasta lleven razón, que el extécnico del Varea habla desde el resquemor y el resentimiento. Pero continúa: "En esa casa es todo surrealista". Una de las peores cosas, sin duda, que trasluce es que no exista libertad de movimiento. "O pliegas o sales fuera, yo no he plegado a ciertas decisiones, a ciertas no, a casi ninguna, y al final estoy fuera". Me parece una de las afirmaciones más contundentes.

También expresa cómo se queda el vestuario, la plantilla. Por de pronto, en una valoración inicial, destaca que "esas ansias de notoriedad y de ser campeones, y de ascender, y de todo pues chocan frontalmente con una creación de un equipo que hace dos temporadas estaba en el puesto once". Ya atisba que el grupo que él había formado se puede resentir. Concreta que había "caras largas, tristeza... algunos estaban desencantados y desengañados". Entendible. Ahora con Remírez al mando de las decisiones técnicas, Pacheco comenta que "somos como la noche y el día". Habrá que seguir la evolución del Varea, qué decisiones toma el nuevo preparador que afronta el domingo en el San Miguel de Rincón de Soto su primer examen.

La última experiencia del entrenador navarro fue en el Ejea de los Caballeros (Tercera aragonesa), club al que llegó en febrero de 2011 y en el que estuvo hasta el final de la campaña 2010/11, por lo que llevaba más de un año inactivo. Acabó la liga en quinto lugar y no logró la clasificación para la fase de ascenso. Desde entonces no era extraño verle por diferentes campos del fútbol riojano. Más allá de pensar mal, en su condición de representante también acudía a ver a varios de sus clientes. En lo que respecta a entrenar en La Rioja no es novato, puesto que CD Logroñés, Calahorra y Fundación Logroñés han estado bajo su disciplina. Asimismo, ha dirigido, entre otros, a Peralta y Gramanet. En cuanto a su forma de entender el fútbol, tiende a apostar por un once definido. Intensidad, presión y juego más práctico y vertical, menos elaborado, de inicio, y con gran importancia de los extremos. En cuanto al trato con la plantilla, podría decirse que es más profesional (menos comunicativo personalmente), ya que acostumbra a marcar bastante las distancias entre entrenador y jugadores. Habrá que ver cómo encajan  sus ideas en una plantilla en la que no ha participado en su confección. Más allá de los resultados ligueros, que también, entre ceja y ceja estará el duelo del próximo 1 de noviembre frente al Náxara, donde puede levantar su primer título, el de la Copa Federación riojana, apenas 20 días después de llegar.