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miércoles, 4 de junio de 2014

Una temporada enriquecedora

No es fácil, aunque lo parezca, cuando toca hablar sobre uno mismo. Lo normal puede ser caer en cierto egocentrismo, en dejarte llevar por los sentimientos, por la subjetividad... pero a través de esta entrada trataré de realizar un balance, evidentemente, desde mi perspectiva, sobre mi experiencia como entrenador del Yagüe juvenil. Nueve meses y medio (el primer entrenamiento fue el pasado 19 de agosto y el último, por así decirlo, y contra pronóstico, será el jueves 5 de junio) muy intensos, todo hay que decirlo, en los que un servidor ha tratado, dentro de mis posibilidades, de transmitir la ilusión del fútbol a un grupo de adolescentes, con lo que complicado que eso es, que todos ellos, aunque sea un poco, mejoren sus prestaciones. Serán los jugadores los que deben decidir si he cumplido o no; si he puesto de mi parte (no creo que se me pueda reprochar nada en ese sentido) para que así sea. 

Los resultados hablan y aunque desde el club se mantenía la ilusión de poder alcanzar la fase de ascenso a Juvenil Nacional, la realidad es que no pudo ser alcanzar una de las metas propuestas. Mi postura, desde el inicio, fue más conservadora. Sabía que la empresa era difícil, por lo que mi intención pasaba por hacer un equipo competitivo, que se pudiera adaptar a las diferentes circunstancias que pueden darse en un partido. Sólo así, desde el trabajo, podíamos llegar algún sitio. Sin embargo, por unas circunstancias u otras, este grupo no ha estado a la altura en los partidos claves, no ha sido capaz de competir de tú a tú en el momento necesario. Nervios, ansiedad... o quizá es que no había para más o incluso por falta de capacidad de su guía. Si en liga parecía que Pradejón y Varea, como así fue, eran favoritos y que tanto el Yagüe como el Ciudad de Alfaro podían estar peleando con ellos, al final se demostró que los amarillos estaban por debajo de Pradejón y Varea (y eso que en el segundo partido cualquier resultado se podía haber dado).

Quizá esa derrota en Varea hizo más daño de lo esperado al grupo. Se empezó a ver que meternos en la fase de ascenso era realmente complicado y que si al menos queríamos intentarlo había que esforzarse para ello. Lástima que algunos no entendieran el mensaje y optaran por desaparecer, tirarse del barco. Pese a tener la conciencia tranquila, siempre me queda la duda de saber si podía haber evitado esas marchas. Resultó un comienzo de año 2014 complicado. Más de lo esperado. La desilusión hizo mella. Tanto que era frustrante ir a entrenar y encontrarte con apenas 10 jugadores. Fueron dos semanas duras que me hicieron plantearme las cosas. Pensé en dejarlo y desde el club me dieron la oportunidad de coger al equipo de Regional. Podía haber sido lo fácil. 

Plantilla del Yagüe juvenil en la temporada 2013/14. MIGUEL HERREROS

Pero no. Apreté los dientes, varíe mis objetivos iniciales, no tenía más remedio que obviar el componente deportivo y centrarme en mantener, dentro de lo que cabe, la uniformidad del grupo. Por suerte los jugadores respondieron, también fueron fuertes y le echaron valor. En vez de abandonar, continuaron hasta el final. Que de 19 jugadores con ficha, 6 se marchen trastocan bastante los planes. El equipo cadete, salvo honrosas excepciones, no ayudaba porque, algo incomprensible, no querían ir a jugar con el juvenil y cuando lo hacían, la informalidad era la carta de presentación. La decisión era clara: el premio de jugar en una categoría superior es para el que se la merezca. De ahí que los dos que desde el comienzo estuvieron entrenando con los juveniles fueran los únicos regularmente con minutos.

Sabía que el comienzo en la Copa iba a ser determinante para saber qué rumbo íbamos a tomar. Por suerte, tuvimos un inicio de calendario asequible. El grupo ganó en autoestima al ver que éramos superiores, que si se hacían las cosas teníamos capacidad para ganar a cualquiera. El impulso de los resultados provocó que los últimos tres meses todos los que se habían comprometido acudieran a entrenar y eso regeneró la ilusión. En la cabeza de todos estaba el aspirar a ganar la Copa. Era un mal menor. Pusimos el turbo, supimos sufrir cuando hizo falta, sacamos adelante partidos en los que quizá el juego no fue el deseado, pero las cosas salían. Acabar primeros con 11 puntos de ventaja respecto al segundo, marcar 4 goles de media y sumar 28 de 30 puntos posibles da moral

Llegaron las semifinales (con el dichoso Torneo de Clubes históricos de Logroño entre medias y la poca comprensión desde la Federación hacia el Yagüe), vencimos, con dificultades al Villegas cuando todo hacía indicar que nos lo íbamos a jugar en la lotería de los penaltis. Estábamos en la final. Convencidos de que podíamos ganarla nos enfrentamos al Valvanera. Nos pusimos por delante a los 38 segundos, pero cuando nos empataron a los 3 minutos, en el campo se notaba que nuestro rival era superior. Tratamos de plantar cara, tuvimos nuestras bazas, pero cuando enfrente hay un equipo mejor, sólo queda darle la enhorabuena. Podía haber sido una buena manera de acabar. Por eso quizá la sensación sea agridulce porque después del esfuerzo que esta plantilla ha hecho, es como si no hubiera encontrado recompensa. Pero hay que ser realistas, a lo mejor era a lo máximo que podíamos aspirar y hay que estar, en ese sentido, contentos

Sin que sirva de excusa, supongo que otros clubes tendrán los mismos inconvenientes, mi trabajo como entrenador, quizá sea exigente conmigo, lo considero incompleto. En el aspecto deportivo, hemos intentado mantener una identidad, ser fieles a algo en lo que creíamos. Cuando las cosas han salido bien (los resultados acompañaban), el equipo ha demostrado capacidad. Otra cosa es cuando este grupo, dentro del terreno de juego, encontraba dificultades. Ahí hemos dejado mucho que desear. Que a lo largo de toda la temporada hayamos sido incapaces de remontar (neutralizar un gol encajado sólo en dos ocasiones) es significativo. ¿Culpables? Todos, yo el primero. Pese a los intentos por no agachar la cabeza, de seguir compitiendo, nos hemos rendido demasiado fácil. Falta de unidad. Un mal que nos ha perjudicado y del que ha sido imposible reestablecerse.

En definitiva, a título personal, ha sido una temporada de enriquecimiento personal en el que he aprendido más de lo que pensaba. Lamento, eso sí, que para algunos haya podido ser un año perdido y que, a lo mejor, no hayan encontrado a un entrenador que haya sabido exprimirles al máximo. Sin embargo, mi aventura ha sido muy positiva, poco gratificante (supongo que es la soledad del entrenador que dicen) en la que lo de menos ha sido el no poder hacer ni una convocatoria, tener que realizar la alineación en función de quiénes han venido o no a entrenar, así como estar prácticamente solo tanto en lo bueno como en lo malo. Ahora, con la confianza del Yagüe, me embarco en un reto difícil, pero muy ilusionante, a la vez que de bastante responsabilidad para alguien que lleva muchos años ligado a este club, como es tratar de lograr que el Yagüe no sea un equipo ascensor entre Tercera y Regional. Nos vemos en los campos.

jueves, 3 de octubre de 2013

Desde el banquillo

Apenas 72 horas para que sea una realidad, bueno lleva siendo varios meses, para que sea oficial del todo; mi debut como entrenador del Yagüe juvenil. Llega el momento, ya lo voy haciendo, de tomar decisiones fuera del terreno de juego. Hasta la fecha, como exjugador, lo hacía pero desde dentro, con mis aciertos, si es que los ha habido, y con mis equivocaciones, que también las he tenido. Hasta hace unos meses pensaba en jugar (bueno llevo tiempo tratando de no inmiscuirme en la parcela técnica, aunque hubiera cosas que el cuerpo me pidiera decir o hacer), en entrenar al máximo, eso siempre lo he hecho, y confiar en que el entrenador me pusiera el día del partido. Evidentemente, como todos los jugadores, yo quería jugar todo y, por suerte, he podido disfrutar de ello en los equipos que he estado. He sido un afortunado. Como es lógico, como todos los futbolistas, he sido egoísta (aunque siempre he tratado de ser solidario). 

Ahora, la perspectiva cambia. Yo me tengo que romper la cabeza para planificar los entrenamientos (acorde a los objetivos que quiero trabajar), yo asumo la responsabilidad de poner un determinado once, de dejar fuera de la convocatoria a tal jugador, de tratar de ser justo con los esfuerzos realizados por los jugadores durante la semana, de buscar la mejor manera de jugar ante un determinado oponente, de marcar una forma más o menos regular (un estilo)... y de muchas cosas más. La visión es mucho más global, se cubren más parcelas y cada una hay que mimarla al detalle para que no se escape de tu control. Porque al fin y al cabo, los entrenadores lo que debemos buscar es la forma de controlar lo que estamos capacitados. Yo no puedo controlar que un determinado jugador falle un gol con la portería contraria vacía, pero sí puedo encauzar la manera para que se dé esa circunstancia, es decir, el camino. 

Pese a ello, tampoco es del todo controlable, puesto que los que deciden dentro del terreno de juego han sido, son y serán los futbolistas. Como entrenador, si acaso, doy pautas, manejo opciones, variantes, les abro el campo de visión a los jugadores para que ellos ejecuten, acorde a su criterio (eso es lo que hay que trabajar, la mejora de su elección) qué es lo mejor en cada momento. Por eso, trato de que mis jugadores reflexionen sobre cada movimiento, cada paso a seguir, en una palabra, piensen antes de llevar a efecto una decisión. Evidentemente, dentro del campo, además de pensar hay que hacerlo lo más rápido posible porque unas décimas de segundo pueden ser claves para llevarte al éxito o al fracaso. 

¿Estilo? ¿Guías? ¿Referencias? La verdad sea dicha, que muchas y ninguna. Puede sonar a tópico, pero, como en la vida, hay que ser uno mismo. Me parece absurdo querer extrapolar estilos, entrenamientos profesionales a la dinámica de un equipo de la categoría más baja de juvenil. Hay que saber dónde está cada uno, qué material humano maneja para adaptarse a él, cuáles son las circunstancias actuales del club, cuál es la exigencia... hay variables que afectan a la manera de trabajar para poder establecer prioridades. Ahí es dónde hay que acertar, qué es lo que se puede hacer y quiero hacer para buscar el máximo rendimiento de esta plantilla. En ese momento, cuando, por lo menos, se cuenta con una idea futbolística a inculcar es cuando toca encontrar el camino para llevarla a cabo de manera que todos crean en ella. Porque si por mucho que el entrenador quiera imponerla, los jugadores no están por la labor, sería trabajo y tiempo perdido. 

Por el momento, no me puedo quejar de cómo van las cosas. Por supuesto que hay días mejores y peores, pero, por lo general, es para estar satisfecho. Cuando llegue el partido del domingo ante el Varea (El Salvador, 12.00), mi equipo habrá contado con 26 sesiones (incluidos amistosos), tiempo, estimo que suficiente, para que podamos mostrarnos como un bloque que sabe competir. Porque al fin y al cabo, más allá de la formación de los jugadores (aún en proceso de mejora), que también, el aspecto competición empieza a ganar importancia. La manera de encontrar el equilibrio es importante. Pero claro, qué es saber competir bien. En mi caso, que el equipo transmita personalidad, que sepa plantar cara a su rival, que genere ocasiones, que no regale goles y que trate de condensar todo lo trabajado desde el primer día, es la forma de acumular bagaje, para estar preparado ante cualquier circunstancia que se dé en el terreno de juego. Casi nada. 

Si me baso en los resultados de esta pretemporada, hay de todo. Desde la derrota 3-1 ante el Vianés Nacional, que nos sirvió a todos, entrenador y jugadores, para saber cuál es nuestro punto de partida, pasando por dos victorias demasiado holgadas (8-0 y 5-0 a Tatú Territorial y Villegas Territorial respectivamente), que nos ayudaron a ganar confianza (y a creer en la manera de jugar) para comprobar que lo que se trabaja tiene su recompensa, sin olvidar la derrota sufrida ante el Yagüe Regional (5-0), en un choque en el que traté de ser atrevido cuando la cabeza me pedía ser más cauto (para eso están los entrenamientos, para equivocarse y probar cosas) o el empate contra el Náxara (2-2), que nos debe subir la moral por comprobar que este equipo tiene capacidad de reacción después de verse 0-2 a los 11 minutos ante un conjunto físico e intenso. Lo considero, por lo tanto,un balance positivo, aunque si tengo que mostrar una pega es el hecho de que me hubiera gustado enfrentarme a algún que otro rival.

Ahora llega el momento de la verdad, de demostrar dónde queremos estar. Porque la clave de saber cuál es nuestro techo es que de verdad queramos llegar a él. No soy yo el que tiene que decir que podemos, el trabajo y esfuerzo diario debe guiarnos a nuestro lugar (independientemente del sitio). Las exigencias no son buenas, por lo que prefiero la humildad, la cautela, el respeto al rival e ir partido a partido. Que sean los resultados (aunque muchas veces no se correspondan con la realidad, es la cruz que tenemos los entrenadores) los que nos pongan en nuestro sitio. Por ilusión, seguro que no va a ser.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Resumen de Regional

Dejo un pequeño resumen de la jornada pasada de Regional y un par de apuntes sobre dos hechos que sucedieron en Juvenil Nacional y Juvenil Territorial.
 
El Villegas alcanza el liderato merced a una nueva remontada en La Ribera (segunda consecutiva), un campo inexpugnable para sus rivales. De esta forma, los encarnados demuestran que su fortaleza en casa  (es el mejor local de la categoría) propicia que merezcan una plaza de ascenso. Con su victoria  y la derrota del Yagüe en Casalarreina, los de Nacho Torres se unen a los amarillos, con permiso de La Calzada, a una interesante lucha por el primer puesto. Precisamente, los de Santo Domingo superaron al Anguiano B por 2-1  en un intenso partido, quizá no muy vistoso, pero que se saldó con triunfo local que comprimen los tres primeros en apenas dos puntos. A ello contribuyó la derrota del Yagüe en El Soto (ya escribí sobre ello), que 12 jornadas después se marchó de vacío de un encuentro.
    Respecto a los perseguidores, el Rapid no acaba de carburar. Los 5 puntos sumados en las últimas 5 jornadas merma sus opciones de dar caza a los puestos de ascenso (quedaría a cuatro partidos, 11 puntos respecto a La Calzada), por lo que su meta es agarrarse a la quinta plaza que le dé el premio del ascenso si algún club de Tercera sube de categoría. El Aldeano, que lleva un punto menos que los de Murillo en el mismo espacio de tiempo, también querrá agarrarse a ese objetivo. El otro día empataron a uno en un duelo en el que primó el miedo a perder. El Autol, invicto en esta segunda vuelta, se asoma, pero no acaba de decidirse. Un nuevo empata esta vez en Las Viñas, en un duelo con ocasiones, pero con poco acierto, le impide dar caza al Rapid y presentar sus credenciales. Aun así, peleará hasta el final. 
   Al EDF Logroño le está costando en esta segunda vuelta encontrar la regularidad mostrada en el comienzo liguero. Los 5 puntos sumados de 18 posibles han impedido su progresión en la tabla. La derrota ante Los Titanes seguramente le habrá hecho daño y ya queda a 5 puntos de la quinta plaza. Por el contrario, los que han aprovechado los 'pinchazos' de sus rivales es el Haro Promesas. Con 36 puntos, orden y buen juego se asoma en los puestos nobles. Otro equipo que empieza a creer en sus posibilidades es el Casalarreina. El gran rendimiento que sacan a El Soto y su confianza para sumar de tres en tres les da opciones. Suman 31 puntos, saben que la empresa es complicada, pero su dinámica ascendente les motiva y en esta categoría tener un aliciente es fundamental de aquí al final de la temporada.
    De la parte baja de la tabla, me gustaría resaltar el triunfo de Los Titanes, que lleva dos partidos seguidos colocando bajo los palos a un jugador de campo que nunca antes había sido portero. Curioso y extraño que encima hayan ganado un encuentro ocho jornadas después. Asimismo, el Calahorra B superó a una Oyonesa B irregular, capaz de incomodar y superar a rivales teóricamente superiores y de perder frente a los que debe ganara para estar más arriba en la clasificación.

   Las consecuencias se pagan y el partido de Juvenil Nacional entre el Autol y el Balsamaiso del pasado sábado demuestran que aún falta cierta educación para comportarse cuando se va de espectador y dentro del campo. Que una entrada violenta de un jugador del Balsamaiso, sancionada con roja (que acarrea dos partidos por producirse de manera violenta en el juego), propicie que el hermano del jugador que recibió la entrada ingrese en el campo agreda al futbolista del Balsamaiso (creo que existe denuncia a este respecto) y que se monte una tángana espectacular, debe llevar a replantearse varios aspectos. Por de pronto, el Comité de Competición ha hablado y ha puesto una multa y apercibimiento de clausura del terreno de juego por alteración del orden del encuentro de carácter grave. Asimismo, dos jugadores del Autol han sido sancionados con 6 partidos por agredir a otro jugador sin causar lesión. La información sigue abierta y el Balsamaiso también ha sido multado por conductas contrarias al orden deportivo de carácter grave.
    Curioso que también el duelo entre el Yagüe-Calahorra de la Copa Federación del grupo II de Juvenil Territorial diera que hablar. El partido acabó con seis jugadores del Yagüe en el campo, es decir, hubo cinco expulsados por lo que se tenía que haber suspendido el partido, pero en el acta sólo se contemplaron cuatro expulsados, todos ellos por doble amarilla. Ver para creer.